la rabia ante el discurso patriotero

Hay un grupo en Colombia, más exactamente de Bogotá, que molesta a mucha gente, incluso a la gente joven, que por esas cosas de este país, resulta a veces más conservadora y chauvinista que los viejos.

Odio a Botero es una banda que hace música de tendencia punk, con guitarras potentes y juegos de voces entre los gritos del cantante y la voz melodiosa y dulce de la vocalista. Algunos discuten si es una banda punk o no. Eso no importa. En lo personal me gusta la música de Odio a Botero como sus letras, pero por sobre todas las cosas me gusta su actitud.

En un país que desde los medios de comunicación en sintonía con los deseos del gobierno y de los círculos tradicionales del poder, todos los días se hace una operación retórica para cohesionar a todos los colombianos bajo unos ideales ingenuos y excluyentes, gritar que se odia a Botero, (que como ellos mismos dicen es lo mismo que odiar a Shakira, Juanes, Juan Pablo Montoya, etc.) es una propuesta valiosa y necesaria.

Masacre en Colombia

Odio a Botero no indica necesariamente el absurdo del odio personal, que de seguro estos muchachos no tienen, (no les gusta, que es otra cosa) pero sí simboliza el odio a toda una forma de pensar que cada día se toma a los colombianos, la derechización de la mentalidad. Odio a Botero representa el desacuerdo con los valores tradicionales que pretenden ser impuestos mediante una retórica naturalizada desde los medios de comunicación, esto con la intención de fortalecer una imagen de país que no corresponde con la de todos los colombianos, pero que es conveniente para unos intereses particulares.

Botero no produce el odio de estos muchachos bogotanos. El odio lo produce la banalización mediática y la manipulación discursiva del gobierno, que pretende hacernos creer que las escasas figuras colombianas que tienen un lugar en el escenario mundial representan la grandeza de una “raza”, “el talento de un pueblo”, “la pasión de una comunidad”.

Odio a Botero, odia es el conformismo de los colombianos para con nuestro país, odia la facilidad con la que nos desconectamos de las realidades que viven otros compatriotas, aquellos que recorren territorios huyendo aterrorizados de las masacres, de los combates, de las presiones, de la injusticia que es la ley en estos lugares, de aquellos que a escasos minutos de nuestros hogares viven otras realidades, terribles y desconcertantes.

Odio a Botero representa la rabia que sentimos muchos ante el juego cómico y cínico que se exhibe en los medios y cuyos payasos principales son presentadores, periodistas acomodados y las figuras más visibles del gobierno.

Pero a su vez Odio a Botero es la ironía, el sarcasmo, la satisfacción negativa que sentimos al percibir, con humor, que finalmente nada vale la pena, que todo es un absurdo, que todo está en el lenguaje y que es muy fácil subvertir esa pretendida realidad.

PD: Palabra Fugitiva piensa que Botero no es un mal pintor y que su obra es interesante dentro de lo que constituye la naturaleza de su propuesta. Es igualmente comprensible que haya quienes no aprueben a Botero como el gran artista que se quiere hacer creer. Lamento que la situación propia del país, donde se tiende a radicalizar y dividir entre negro y blanco, no permita la aceptación de las personas dentro de sus contradicciones y complejidades. “Odio a Botero” es una muestra de que las incongruencias normales entre nosotros, pueden darse en el campo del arte. No se trata de ser buenos, indulgentes y bonachones entre nosotros. Se trata de no matarnos. El estado debería proteger ésto.


3 comentarios

  1. Desde hoy amo a yo odio a botero. Gracias.

  2. No obstante que, encima de todo hasta deberíamos odiarlo, me parece bastante atinado el análisis sobre las motivaciones que dan lugar al nombre de esta banda. Si han desfilado, las varias horas que toma hacerlo, por el Museo de Antioquia o Museo-Botero ya sabrán por qué deberíamos hacerlo.

    Desde las antípodas (Australia), se me ocurre pensar que deberíamos odiar no sólo la obra de este hombre sino también muchas otras cosas. Deberíamos odiar el PIB, las fronteras, las constituciones, las monedas, la fotografía mentirosa, el poder (como sustantivo, no como verbo), a los malos periodistas -a casi todos-, a las compañías mineras…

    Sin embargo el odio produce cancer. Por eso no estaría bien quedarnos en el odio. Luego de odiar habría que pasar al olvido. Bien dice por ahí una canción sureña que “el rencor hiere menos que el olvido”. Sólo con el olvido podemos tenemos el camino libre para construir otros mundos posibles.

  3. Hola.

    No sé dónde dejar este comentario. Chévere que pillaras esta banda de Piedecuesta santander: http://www.velandiaylatigra.com

    Un abrazo.

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