SATANÁS Y CHARLES por Rolo May

Un crítico de arte gravemente afectado por un bloqueo creativo específica el mito de la identidad personal. Charles, como le llamaremos, había pasado por graves crisis de desesperación durante una serie de años (…) Había intentado algunas cosas, incluyendo el psicoanálisis clásico, pero todo se quedaba en un plano “verbal” y nunca llegaba a las profundidades de sí mismo. Siguió luchando en solitario durante unos meses y luego, desesperado, vino a verme para que lo psicoanalizara de nuevo.

En el curso de sus asociaciones libres, tras varios meses de análisis, dijo: “Soy un escritor que no escribe… Soy un hombre que no paga sus facturas, soy un desamparado. Así es como me reconozco en la calle, no como “Ah, sí, es Charles”, sino como “¡Ah, sí es un desamparado!” Al oír esto me sorprendió el hecho de que parecían algo más que palabras; obtenía su identidad a base de contemplarse a sí mismo como el mito del hombre desamparado.

En una sesión posterior afirmó: “Mi neurosis protege mi alma… Es lo más valioso que tengo… Si me aliviara, eso sería una derrota”.

Le desagradaban visceralmente las metas populares aceptadas de la terapia, como por ejemplo, convertirse en productivo, feliz, bien adaptado… y aunque comprendía que ni él ni yo perseguíamos tales objetivos, sabía que nuestra cultura sí; y le desagradaba profundamente nuestra secularizada cultura contemporánea.

El punto crítico del análisis sobrevino cuando en sus asociaciones libres, salió a la superficie que “Satanás fue un rebelde por Dios” Reflexionó placenteramente sobre las frases “¡Satanás el salvador! ¡Satanás el rebelde!”

Durante su terapia nos centramos específicamente en el mito de Satanás, con el que él se identificaba. Decía que Satanás, bajo la forma de Lucifer, había sido expulsado del cielo y existía en virtud de aquello contra lo que se rebeló.

Con eso estaba diciendo que el mismo existía gracias al mito de ser un rebelde. Claro que su neurosis protegía su alma ¡de hecho constituía su alma! Su creencia en Satanás, afirmaba, no era una forma de maniqueísmo, pues Satanás creía realmente en Dios. Cuando aceptamos en la terapia el mito de Satanás descubriremos que reunía una serie de vetas, antes esquivas, de la estructura de su carácter: su rebelión, su negatividad y, junto a ello, sus considerables posibilidades creativas como escritor.

(…)

Así como Charles estructuró su vida vinculándose subconscientemente al mito de Satanás, todos nosotros tenemos un mito en función del cual construimos nuestra vida. Este mito nos mantiene íntegros y nos da la capacidad de vivir en el pasado y en el futuro sin descuidar el momento presente.

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